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Los Vampiros

Los vampiros suelen ser confundidos con otros murciélagos que se le parecen bastante en aspecto pero que, al no alimentarse de sangre, no atacan al hombre.
En realidad, la mayor parte de los murciélagos comen insectos, pequeños roedores, peces, frutas y hasta néctar.
La sangre sólo es el plato fuerte para los vampiros.
Atacan de noche, cuando sus víctimas están dormidas, prefieren las piezas grandes y de sangre caliente y, si hay que elegir, optan por el ganado, preferentemente el vacuno.
A los humanos también los muerden, siendo el mentón, la nariz y los dedos sus zonas predilectas, sin embargo, algunos vampiros se contentan con gallinas u otro tipo de ave que ande merodeando.
Llegan despacio, imperceptiblemente, lentamente se posan sobre su presa apoyando los pulgares de sus miembros inferiores que, provistos de almohadillas blandas, parecen estar especialmente preparados para esta delicada operación, recién entonces clavan sus afilados incisivos perforando la piel de sus víctimas.
Las heridas que producen no son muy grandes, sólo tienen el tamaño suficiente como para que al apoyar sus labios alrededor de la abertura pueda, ayudado por su lengua, succionar la sangre que le sirve de alimento, en general el corte no alcanza más de 13 milímetros de largo y ni 5 mm de profundidad.
Los vampiros no se caracterizan por andar muy apurados y la operación de tomar sus alimentos no escapa a esta costumbre.
En su saliva tienen sustancias de efecto anticoagulante por lo que pueden succionar tranquilamente la sangre sin posibilidad de que la herida comience a cicatrizar.
Transcurridos unos 20 o 30 minutos, los vampiros suelen sentirse satisfechos y, con el estómago bien cargado, intentan emprender la retirada.
Sin embargo, el regreso al "hogar" no siempre es tan sencillo.
Con la cantidad de sangre ingerida en una sola operación, estos animales llegan a duplicar su peso que, valga aclarar, no es mucho ya que los vampiros son pequeños.
Sin embargo, este aumento repentino de peso les complica el vuelo.
Cuando finalmente llegan a su escondite, que por lo general es compartido por numerosos individuos de su especie y hasta con otros murciélagos, puede ocurrir que encuentren que algunos de sus congéneres esa noche no han tenido suerte, y que están con hambre.
¡Entonces, allí ocurre un acto que, nosotros los humanos, jamás imaginaríamos en un vampiro!
Los individuos que están suficientemente satisfechos con la "cena" nocturna comparten la comida con el compañero en desgracia.
¿Cómo? Regurgitando parte de la sangre ingerida y pasándosela al hambriento.

La información y las imágenes fue extraída del Magazine “Enciclopedia Popular”

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