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Los murciélagos

Su nombre genérico es Quirópteros: (Mamíferos voladores) pertenecen a un orden antediluviano cuyo ascendiente era el insectívoro arborícola que apresaba a sus víctimas en el aire.
Por cuanto se refiere a su antigüedad, la ciencia opina, fundándose en los hallazgos paleontológicos, que el antepasado del murciélago surcaba ya la atmósfera terrestre hace sesenta millones de años.
Se perfilan dos grupos principales: los grandes quirópteros frugívoros (El zorro volador) y los pequeños quirópteros insectívoros, murciélagos propiamente dichos.
Los quirópteros se caracterizan, ante todo, por su constitución.
En general tienen un cuerpo compacto, cuello corto y grueso, cabeza alargada con ancha abertura bucal.
Las manos, transformadas en aparatos de locomoción, tienen gigantescas dimensiones.
De ahí que parezcan enormes cuando en realidad, figuran entre los mamíferos más pequeños.
La estructura anatómica interna presenta curiosas propiedades.
La armadura ósea es ligera, pero, al mismo tiempo, muy resistente.
Los huesos no tienen espacios vacíos como ocurre con las aves.
El cráneo se divide en dos partes bien definidas: una cerebral, muy sensible, y otra facial no menos delicada.

Distintas especies de Quirópteros

Rhinolophus HipposiderosNariz de herradura enano
Plecotus AuritusMurciélago Orejudo
Pipistrellus SaviiMurciélago alpino
Nyctatus NoctulaVespertilio
Desmodus RotundusGran murciélago mordedor

Cada hueso se une al vecino sin soldadura apreciable.
Caracteriza, sobre todo, a los quirópteros la estructura anatómica de las manos.
Brazo, antebrazo y dedos son extraordinariamente largos, en particular los tres dedos centrales, cuya longitud supera a los del brazo. Las falanges sirven únicamente para desplegar la membrana tendida entre ellas.
Tan sólo el pulgar, ajeno al aparato volador, tiene cierto parecido con los dedos de otros mamíferos.
Posee, según la norma, dos articulaciones, es corto y está provisto con una uña muy recia de la que se vale el animal para trepar y aferrarse a falta de manos.
El pie consta también de cinco dedos, armados asimismo con garras.
Esta parte anatómica ofrece también una particularidad, pues desde el talón parte un espolón cartilaginoso ­sólo en los murciélagos­ que sostiene y atiranta la porción inter femoral del ala.
Así, pues, su esqueleto recuerda por una parte al pájaro y por otra al Pterodáctilo antediluviano.
Entre todos estos rasgos característicos el más notable es, sin duda, la estructuración cutánea.
La membrana voladora requiere infinitos cuidados. Está cubierta de una materia maloliente y oleosa a modo de lubricante.
Unas glándulas amarillentas y planas proporcionan ese líquido.
Estas glándulas se hallan entre las fosas nasales y los ojos, y poseen varios canales de conducción.
Al despertar y antes de emprender el vuelo, el animal estira varias veces la membrana voladora para engrasarla bien.
También es muy peculiar la formación del pelo. Aquí no se puede hablar de barbas ni mechones.Estos pelos ralos reúnen las propiedades de ambos.

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En la raíz son finos y escamosos, más arriba adquieren grosor, siguen una trayectoria claramente helicoidal y se afinan otra vez.
Luego, se acentúa la ascensión helicoidal, el diámetro aumenta una vez más y, por fin, va disminuyendo hasta la punta. El número de espiras varía entre 500 y 1.100.
Es fácil comprender la finalidad de tal construcción capilar.
Esos pelos sustituyen el pelaje lanudo porque cierra el paso en las partes más descubiertas al color natural del cuerpo, lo retienen y conservan la temperatura adecuada.
La membrana alar condiciona la modalidad del vuelo e imprime su propio sello a los movimientos en el aire.
Las especies con alas largas y estrechas tienen el vuelo rápido mientras que las que tienen el ala corta y ancha tiene un vuelo errático, lento e inseguro.
En general el vuelo del quiróptero no es continuo, sino intermitente.
Lo sostiene el incesante movimiento de los brazos.
El pájaro puede navegar; el murciélago, sólo fluctuar.
Su constitución física facilita mucho esa fluctuación o revoloteo.
Los potentes músculos pectorales y el ligero abdomen, los brazos y manos tres veces más largos que el cuerpo, la membrana tensa entre brazos, manos y dedos le posibilitan ese movimiento pero no le permite navegar porque ninguno de sus huesos contiene aire y las membranas alares no están provistas de plumas remeras ni timones.
Su vuelo es un continuo agitar el aire, jamás un largo cernerse ni proyectarse sin mover las alas.
Pese a esa variable dificultad de vuelo, todos los murciélagos sacian su apetito.
Pero no solo les ayuda su facultad voladora sino también otra adicional que les permite orientar la enorme cavidad bucal hacia los lepidópteros nocturnos y los coleópteros alados.
Esta segunda facultad se basa en su "sonda acústica", es decir, en la capacidad para emitir ondas sonoras y captar su eco. Hace más de cien años el Italiano Lazzaron Spallanzani estudió el problema.
En una habitación oscura tendió tres alambres finos cruzados entre sí y colgó de ellos sendas campanillas.
Entonces soltó sus murciélagos. Todo siguió tan silencioso como antes.
Los murciélagos revolotearon largo rato sin tocar ningún alambre.
Spallanzani supuso que el murciélago tendría tal vez, un sexto sentido.
Algunos años atrás, dos americanos hicieron otro ensayo.
Constituyeron un ondómetro muy sensible para registrar las ondas ultra sonoras, es decir, aquellas cuya frecuencia es tan alta que son imperceptibles para el oído humano.
Dicho instrumento señalo 170 sonidos por segundo procedentes del murciélago.
El eco de tales sonidos fue captado por las orejas del animal, y así éste pudo orientarse en la habitación y localizar también a sus presas. El murciélago emite ondas sonoras cuya frecuencia varía entre los 40.000 y los 90.000 ciclos por segundo.
Son combatidos solo en caso de considerarse plaga, de otra forma, su presencia es muy importante en el equilibrio ecológico dado su naturaleza insectívora, por ello se estima muy importante que los tratamientos con murciélagos se instrumenten con personal capacitado para tal cometido.

Este artículo fue extraído de la revista “Control de Plagas” de Héctor Coto.

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